2020-09-28 10:00:15

Hay pocas cosas más desesperantes o angustiante para una persona joven que no saber qué hacer a nivel vocacional o profesional. Y no sólo le ocurre los jóvenes. A veces personas de más edad, 40 o 50 años y me cuentan que, a pesar de sus experiencias y haber adquirido sabiduría vital, todavía no saben «qué hacer con sus vidas».

Hay muchas cosas interesantes y con las que te pueden sentirse identificados, aunque tengas unos años más o menos, una carrera profesional sólida, o no, y uno o varios hijos. El tema del «no saber qué hacer en la vida», la falta de la vocación e incluso la falta de una afición que llene de luz nuestros días es una cosa, lamentablemente, bastante extendida. Contestaremos a esta inquietud y aportar algunas ideas a lo largo de este artículo, que será un poco largo, pero esperamos que los ayude y te motive a seguir adelante en la búsqueda de lo que quieres para tu vida.

La causa básica de no tener ni idea de vocación o del futuro profesionales: Estar desconectados

Para nosotros lo más importante concretamente es esta frase: «siento que no me conozco». La desconexión de nosotros mismos que se manifiesta en dos cosas:

(1) el desconocimiento de lo que queremos. ¿Cómo yo, que me conozco, no sé lo que quiero?

(2) cierto conflicto mental, porque se nos mezclan deseos contradictorios, juicios sociales, vivencias, emociones sin identificar e ideas de todo tipo.

La razón esencial por la que mucha gente está desesperada hoy día, pidiendo ayuda sin poder articular muy bien el motivo, es porque no se conoce. Y cuando no sabemos lo que nos pasa, qué sentimos y por qué lo sentimos, qué nos gusta o qué hacemos sólo por complacer y a qué exactamente le tenemos miedo, en vez de caminar estratégicamente hacia un objetivo, nos metemos en un «desorden del pensamiento» que nos aturde…

Entonces la primera idea es la siguiente: desde el desconocimiento difícilmente vamos a encontrar una solución para cualquier problema, del tipo que sea: amoroso, profesional, emocional o vocacional.

Si quieres saber qué hacer con tu vida y dejar de «perderte» en un montón de actividades y tareas que pueden no tener sentido, primero tenés que conocerte. Tenes que buscar dentro tuyo, conectar con lo que te pasa, e ir poniendo orden en todo eso que vaya apareciendo. No hay otro camino hacia la búsqueda de una pasión, vocación, deseo, sentido de la vida o autorrealización que no pase por estas dos vías: conocerse y ordenar los pensamientos que van surgiendo.

¿Pero, cómo conocerse a uno mismo?

Bueno, la gran pregunta… Que ha dado pie a toneladas de libros, terapias y filosofías. Hay muchos caminos para conocerse a uno mismo, desde leer un libro sobre la vocación a ir a un taller de coaching, meditar, empezar una terapia de cualquier tipo o escribir en un cuaderno todo lo que recordemos sobre nuestros gustos, nuestra historia, nuestros sentimientos o relaciones.

Entonces, ¿qué haremos?* **Primero, conócete con pasión y ordena todos esos descubrimientos. Segundo, salí del pensamiento de que la vocación «se encuentra fuera de ti» y empezá a construirla con el devenir de tu vida, por eso ayuda mucho probar cosas y vivir experiencias, del tipo que sean. En tercer lugar, olvídate de los tiempos, los plazos y entrena tu paciencia y tu capacidad de perseverar ante las dificultades.

Desarrollemos punto a punto:

1- Punto de partida: sugerimos algunas tareas específicas que entrarían dentro de eso de «conocerse a uno mismo» y acercamos algunos artículos que te pueden ayudar a profundizar:

  • Conocer cuál ha sido nuestra historia hasta el día de hoy, el típico «de dónde venimos» y «por qué somos cómo somos» y no hay nadie que lo explique de mejor manera que Laura Gutman, tiene sus libros o buscar sus vídeos por YouTube.

  • Entender que nuestra situación actual es consecuencia de las acciones que tomamos en el pasado, para bien y para mal, por eso revisar estas acciones y decisiones que hemos ido tomando, a veces sin conciencia, puede traernos mucha luz sobre quiénes somos y cuáles han sido nuestras motivaciones.

  • Averiguar cuáles son o han sido expectativas de los demás para nosotros, ¿y si resulta que todo lo que hemos hecho en nuestra vida ha estado dirigido por un deseo de complacer y «ser obedientes»? Es hora de saberlo… Y una vez que nos hemos quitado esta máscara, hagamos nos preguntas para descubrir nuestros deseos auténticos.
  • Listar nuestras cualidades, aptitudes y debilidades a nivel personal y profesional. Si queremos encontrar un trabajo más relacionado con nuestros talentos, y donde nuestras limitaciones no jueguen un papel muy importante, hay que descubrirlos.
  • La sabiduría de nuestros sentimientos y entender el papel de las emociones negativas básicas: culpa, envidia, insatisfacción y, cómo no, el miedo. Concretamente las emociones son una ayuda inestimable para conocernos.
  • Preguntar a los demás. Todos tenemos una parte, tanto positiva o negativa, llamada el «yo ciego» en la ventana de Johari que se proyecta hacia afuera, y para nosotros no está clara. Resulta muy útil preguntarle a la gente que nos rodea cosas como: ¿cuáles dirías que son mis cualidades? ¿y mis defectos? ¿qué me gusta hacer? ¿qué se me da bien? ¿qué tengo que mejorar? Algo tan sencillo como esto da muchísima información.
  • Preguntar cosas que nos saquen de nuestra forma tradicional de pensar. No quedarnos en el «no puedo hacer esto» sino avanzar hasta el «¿y cómo podría hacerlo?» En el caso de la falta de vocación no te quedes en el «no sé lo que me gusta o se me da bien» sino cambia a un… ¿y cómo podría saberlo?
  • Por último, si lees autoayuda, lo hagas con intención, apuntando las cosas que dan se acercan a lo que querés hacer por cualquier motivo, y únicamente estas. Es mejor leer poco y bien, con profundidad, reflexionando sobre lo que leemos, que «tragar» libros compulsivamente. Algo que he comprobado que ayuda mucho en etapas de desconcierto y angustia es poner orden. No sólo de forma metafórica, sino literal ordenar.

Ante la desesperación viene bien estarnos quietos, respirar y ordenar, aunque sea el cajón de las medias, los papeles del trabajo o la ropa que está tirada en el sillón. Siempre llegara algo de alivio y claridad.

La escritura en sí misma es ordenación del pensamiento, porque las frases en cualquier idioma tienen una estructura lógica y unas reglas. Por eso la lectura y la escritura calman el caos interior.

En definitiva, cuando vamos ordenando eso que estamos descubriendo de nosotros mismos (con ayuda terapéutica o de forma autodidacta) las piezas empiezas a encajar y entonces… De repente empezamos a ser más conscientes de cómo nos sentimos, por qué hemos llegado a una situación determinada, cuáles son nuestros tesoros, cómo nos gusta pasar el tiempo y, por supuesto, qué nos gustaría hacer a nivel profesional o vital.

2- Segundo punto: encontrar la vocación no es un resultado, sino un camino en sí mismo. Una confusión frecuente en esto de definir una vocación o encontrar el «estudio o trabajo ideal» es pensar que lo descubrimos en un momento determinado y luego, a partir de ahí, sólo nos queda repetir esa actividad profesional día tras día.

Esto no es así. Desempeñar una vocación profesional es un proceso vivo, largo y dinámico en el que esa vocación va cambiando y mutando con el tiempo, porque vamos descubriendo nuevas facetas de ese tema o tarea, nos vamos especializando, o cambian nuestras circunstancias externas y tenemos que acomodarnos dinámicamente.

Pensemos en cómo se «encuentra el amor». La mayoría lo descubrimos en la adolescencia. Pasamos de amores platónicos que sólo están en nuestra cabeza a relaciones reales de distinto tipo (más formales, más alocadas) quizás con distintas personas. Nos enamoramos y desenamoramos varias veces. Posiblemente también nos comprometemos, casamos, rompemos, nos emparejamos de nuevo, tenemos hijos, enviudamos, volvemos a enamorarnos de alguien veinte años más joven, etcétera, y en todo este tiempo, nuestra idea del amor va cambiando y enriqueciéndose. Nadie tiene la misma capacidad amorosa a los 13 años que a los 93. Todo lo que se ha vivido, sentido y pensado en ese tiempo nos va conformando como parejas o enamorados.

Lo mismo pasa con el trabajo o la vocación profesional. No la decidimos a los 15 años y luego permanece invariable toda la vida, sino que esta elección se va descubriendo y desplegando con el tiempo. Como en las relaciones amorosas, a veces después de diez años abandonamos una profesión y empezamos con otra radicalmente distinta. Otras veces nos metemos en caminos laborales que nos hacen daño y aprendemos a base de sufrimiento. También sucede que, de forma inesperada, una afición sin importancia (al igual que un amigo que encontramos de forma casual) se acaba convirtiendo en el amor, trabajo o vocación de nuestra vida.

Desde que somos jóvenes hasta el día de nuestra muerte, estamos andando un camino y definiendo permanentemente nuestro trabajo ideal, nuestras compañías y a nosotros mismos. No hay ninguna meta, ningún punto final, no «encontramos la vocación y entonces ya somos felices para siempre». Más bien, lo que iremos encontrando son lugares agradables que nos hacen bien, trabajos que encajan con nosotros y nos gustan, y lugares que son un infierno y acabamos por salir huyendo.

El cambio de «idea» que te proponemos es dejar de pensar que hay algo que se llama vocación que se «encuentra por ahí» o que se descubre en un test, y a partir de ahí todo es perfecto. El despliegue vocacional-laboral se construye todo el tiempo. Se va perfilando y definiendo, incluso a través de trabajos que detestamos si hacemos un ejercicio de análisis de qué no nos gusta y esto nos motiva a buscar otra cosa diferente.

Por eso la mejor forma de descubrir qué queremos de la vida es caminar con los ojos bien abiertos. Trabajar, estudiar, ir a clases de lo que sea, valorando qué nos aporta cada actividad y qué nos quita, aprendiendo de todo (porque es imposible no aprender). Y en un momento dado, dejar de pensar y dar vueltas a «qué es lo que quiero» para sencillamente disfrutar de ese camino incierto y emocionante que es la vida de cada uno.

Por último, y enlazando con el punto de arriba, cuánto mejor nos conocemos, más vamos sintonizando con actividades que están alineadas con lo que somos. El conocimiento siempre es la clave.

3- Tercera cosa importante: Respetar los tiempos y tener paciencia para buscar las respuestas que necesitamos. Una palabra esencial para el desarrollo personal, profesional y espiritual, que nos causa pavor a muchos porque pensamos no tener: la paciencia.

¿El camino hacia una vida más plena, más conectada con tu propósito y más feliz interiormente es fácil, rápido o directo?

No, ninguna de las tres cosas, y quien te lo venda así te está engañando. Pero, es más, es que justamente que no sea así es parte del juego, ¡es lo bonito de vivir!

Si crees que, a los 50 años, después de toda una vida de desconexión y de complacer a los demás vas a tener un día la revelación de tu vocación personal, así de repente… te equivocas. O bueno, puede ser en un caso de cada miles, pero no lo habitual.

No hay respuestas rápidas, limpias y sencillas para los grandes conflictos de la vida, que están llenos de matices en función de cada persona.

Por ejemplo, alguna vez nos han preguntado cosas como: «soy una persona muy insegura, ¿qué hago?» o «quiero encontrar una pareja que me quiera y sólo doy con personas que me hacen daño, ¿por dónde empiezo?» Y no tengo más remedio que decir que no tengo una respuesta exacta de «haz esto» o «haz lo otro», que lo único que puedo proponer son reflexiones para investigar en ese problema, y que cada uno decida si quieres destinar tiempo y dedicación a resolver su vida.

Hay personas que no están dispuestas a esto y prefieren seguir pensando que hay una respuesta sencilla o un profesional que les dará la «pastilla mágica» para su problema. Bueno, ellos verán, no es mi caso…

En fin, que resolver cualquier problema requiere constancia y paciencia, dos cualidades que muchos no están dispuestos a desarrollar. Sin embargo, no hay camino que no pase por ellas.

Si quieres conocer cuál es tu propósito en la vida, tu trabajo ideal o quieres vivir con más armonía y bienestar interior, ten claro desde el minuto uno que este proceso te va a llevar tiempo, esfuerzo, tal vez dinero y vas a tener que aprender a «esperar sin desesperar». Cuanto más clara tengas esta idea, mejor.

Resumiendo: ten paciencia y hazte a la idea de que va a suponer tiempo y esfuerzo descubrir tu vocación, lo cual es bueno. No tiene sentido ir en contra de los ritmos de la vida, que son lentos, variados y progresivos. Fluye con estos ritmos y disfruta del camino…


Reflexión final

No queremos terminar este artículo sobre la búsqueda de la vocación sin hablar de algo que consideramos muy importante: que tenemos que confiar en nuestra intuición y en nuestra capacidad creadora.

Somos mucho más capaces e imaginativos de lo que pensamos. A veces hemos asistido al nacimiento de ideas y de soluciones en el momento, de forma inesperada, lo que causa una gran alegría al que las descubre. Así cuando intuyes y creas, te veras sorprendido puesto que «acabas de asistir al nacimiento de una idea».

La verdad es que cuando empezamos a investigar en nuestros conflictos, cuando empezamos a movernos con alegría hacia nuestras metas sin pensar tanto en el cuándo se cumplirán, cuando por fin vamos conectando con lo que queremos, pensamos y sentimos, nuestra mente nos empieza a regalar recursos y soluciones que no sabíamos que estaban ahí.

Hagas lo que hagas, hazlo con este pensamiento en mente:

Que eres capaz de mucho más de lo que piensas y que lo que necesitas lo encontrarás cuando empieces a viajar, sin miedo y sin preocuparte de los errores, hacia tu destino.

Source: Wuidy.com